sábado, 4 de julio de 2015

Almanzor y las manos amputadas

















Almanzor y las manos amputadas
El célebre caudillo musulmán Almanzor, que por el año 997 invadió Galicia, es, en toda la prolongada guerra sostenida contra los mahometanos, el que más se recuerda en nuestra tierra; porque fue el que logró llegar más al norte del territorio peninsular, rebasando Lugo hasta Ortigueira y penetrando en Santiago de Compostela, la que saqueó, llevándose hasta las campanas de la catedral a hombros de prisioneros cristianos. Cosa que dos siglos más tarde Fernando III “El Santo” hizo que se restituyeran  pero a hombros de los sarracenos.
Y por esto también, hay en Galicia muchas leyendas donde figura Almanzor como personaje principal, siendo una de ellas la siguiente.
Al extenderse la noticia de que el temido caudillo avanzaba con sus numerosas y aguerridas tropas, las gentes de villas y aldeas huían abandonando sus casas, campos y ganado; los señores feudales, ante la inminencia de un peligro al que no podían resistir, cogidos por sorpresa por la rapidez del ataque inesperado, dejaban también sus castillos, alejándose hacia el Norte, para agruparse allí y emprender unidos el contraataque para rechazar a los moros.
Atravesando las montañas de Fuentefría, el ejercito comandado por Almanzor se extendió por toda la comarca de Salvatierra, llevando a sangre y fuego su avance victorioso, apoderándose de ganados que habrían de alimentar a sus hombres y de todo lo que pudiera servirles para afianzar su poderío y defenderse de una recuperación por parte de los gallegos. Así llegó hasta los valles de Troncoso, San Pedro y Las Oliveiras, en las inmediaciones del castillo de Sobroso, y en este lugar su capitán Ab-del-Kader se adelanto para explorar el camino y observar las disposiciones y elementos de defensa con que contaba.
Mas, el castillo se hallaba abandonado y aún mas sorprendidos quedaron al comprobar que sus puertas estaban abiertas. Con cautela entraron algunos moros en el patio, y, convencidos tomaron posesión de él y enviaron la noticia al jefe del ejército ( Almanzor ).
Cundo Ab-del-Kader y sus hombres, instalados en los salones de la torre del homenaje y sus dependencias, se disponían a disfrutar de un descanso saboreando los vinos que habían hallado , oyeron, no sin inquietud, una suave y extraña música que acompañaba el recital de un romance. Ab-del-Kader y sus subordinados subieron hasta la plataforma de la torre, de donde venia la voz; allí un viejo ciego, sin duda juglar del señor de Sobroso, tocaba una zanfonía con la que acompañaba su canción, sin parar mientes en los soldados que habían hecho acto de presencia.
Ab-del-Kader, considerando como un ultraje la indiferencia del anciano, indignado ante lo que consideró una burla, empuñó su cimitarra y descargó un rápido golpe sobre la muñecas del músico, cercenándole las manos; y de un segundo golpe, le decapitó.
Y mientras se izaba la bandera de la media luna en el castillo, los despojos del infeliz juglar fueron arrojados al pie de la muralla.
Inmediatamente llegó al castillo Almanzor, que utilizó a Sobroso como aposento de su cuartel general.
Desde una de las atalayas, el almuédano convocó a los soldados a la oración; después, Almanzor se reunía con sus capitanes en una de las salas de la torre para estudiar el plan a realizar en el avance sucesivo y cómo habría de efectuarse el asalto a la ciudad de Santiago de Compostela, que era su principal objetivo.
Pero sus deliberaciones se interrumpieron al escuchar un canto a la vez suave, melancólico y vigoroso, asombrándose a no comprender de donde procedía aquella extraña música.
Ab-del-Kader refirió entonces lo acontecido con el viejo y ciego juglar, ordenando entonces Almanzor que se repitiese el mismo castigo con el importuno músico que osaba mofarse de él y de sus guerreros.
Varios soldados moros registraron el patio, las atalayas, las murallas; pero no hallaron a nadie que pudiera ser músico y cantos tan impertinentes. El mismo Ab-del-Kader, guiándose por el sonido que no dejaba de oírse insistentemente y lúgubre en la noche, pudo hallar, al pie de la muralla donde arrojó el cuerpo mutilado del anciano cantor de la torre, su vieja zanfonía, que tocaban las dos manos cortadas; y era como un eco la voz del viejo músico, qué seguía cantando y canta aún, según se dice, cuando se presiente  una gran calamidad para Galicia.

Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 27 de junio de 2015

La Leyenda de “A Pastoriza”

















La Leyenda de “A Pastoriza”

Subiendo por la avenida de Finisterre y siguiendo la carretera que pasa por el Ventorrillo, la Moura y San José, a unos seis kilómetros de A Coruña, se halla la parroquia de Santa María de Pastoriza, perteneciente al ayuntamiento de Arteixo, que linda con el de la capital.
La actual iglesia parroquial de Pastoriza es moderna, edificada a finales del siglo XVII; pero sustituyó a otra anterior que era <<antiquísima>> según se dice en muchos documentos de aquella época.
Ahora bien, la Virgen de la Pastoriza gozó y goza de gran popularidad no solo en A Coruña, sino también en las comarcas de las Mariñas y gran parte de Bergantiños. Y como sucede con otros santuarios, tiene su leyenda, que fue quizá la que más fama  dio a la milagrosa imagen que con tantísimos devotos cuenta, como demostraban la infinidad de curiosos exvotos que llenaban hace algunos años las paredes interiores de la iglesia y los techos,. De los cuales pendían interesantes modelos de embarcaciones de todas clases. Es lástima que hayan desaparecido aquellas muestras populares de fe y de testimonios debidos a la sencillez de un arte ingenuo, pero tan interesante para el estudio de nuestra etnología.
En un interesante libro publicado en el año 1.887 por doña Emilia Pardo Bazán, que tiene por título  “ La Leyenda de la Pastoriza “, relata la historia de esta y cuenta como el rey suevo de Galicia, llamado Rechiario o Requiario, primer rey cristiano de España, fundó la iglesia de Pastoriza, en la cual se adoraba una imagen de la Virgen.
Y dice la tradición que cuando allá por el año 968 arribaron a Galicia las naves normandas que invadieron nuestro territorio, o bien a la llegada de Almanzor, el caudillo musulmán que en su rápido y formidable (aunque traicionero)  ataque causó la destrucción de Santiago y llegó hasta las cercanías de A Coruña y Betanzos, lugares que jamás habían hollado las plantas de los guerreros musulmanes hasta entonces, según los cronistas árabes ( los nuestros lo cuentan un poco diferente), parece ser que el sacerdote, o algún fiel de la localidad, ocultó entre las peñas del monte la sagrada imagen de la Virgen para librarla de la profanación de los invasores musulmanes.
La pequeña y tosca iglesia fue destruida, pero la efigie se libró, permaneciendo oculta años y años, quizá por haber perecido la única persona que sabía el lugar donde estaba escondida.
Hasta que, un día, una niña inocente que andaba con una vaca en la pastoriza (pastizal)  <<de esto le viene el nombre>> vio una estrella reluciente sobre una aglomeración de peñascos en la parte alta del monte, aquella visión de la estrella se repitió y entonces ella contó cómo se le había aparecido varias veces.
Esto dio lugar a que se escudriñaran todos los huecos y junturas de aquellos peñascos hasta que, al fin, se descubrió la imagen de la Virgen, oculta en una oquedad bajo una gran piedra, la cual desde entonces fue llamada “O Berce de VIrxen”, o sea “La cuna de la Virgen”: por ese hueco bajo la peña se deslizan muchísimas personas para librarse de pecado o curarse de ciertas enfermedades.
Hay también otra leyenda que se refiere a esta imagen.
Cuando el corsario inglés Drake vino a sitiar A Coruña en el año 1.589, unos soldados herejes que se acercaron a Pastoriza sacaron la santa imagen de la iglesia y la arrojaron allí cerca de la fuente y le cortaron la cabeza de un hachazo, dividiéndole el cuello; mas luego, milagrosamente, se volvió a colocar y unir la cabeza al cuerpo como estaba antes.
Añade la leyenda que aquellos soldados, espantados por tal prodigio, huyeron sin robar ni incendiar ni hacer daño alguno en la iglesia, como tampoco en las casas de la parroquia de Pastoriza.
La primera leyenda me recuerda a la de Campus Stellae (Santiago de Compostela) , también se aparecía una estrella en el lugar que estaba enterrado el Apóstol.
 Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 20 de junio de 2015

El Aquelarre en A Lanzada














El Aquelarre en A Lanzada
El viejo amigo que me conto esta historia, en Santiago de Compostela, en el año 1964, me dijo que el hecho le ocurrió a un tío de su abuelo llamado Xuan ( Unos dicen de un pueblecito llamado Balea y otros de Rouxique ), y que él lo había oído a su propio padre, y que lo tenía como cosa verdadera y muy cierta.
A Xuan, según cuentan, de mozo que le habían gustado siempre las muchachas y se divertía con ellas en las fiestas y romerías, en los bailes que se celebraban las tardes de los domingos y en todas las reuniones que se ofreciese la ocasión. Le llegó como a todo el mundo, la hora de enamorarse de una joven muy guapa llamada Catuxa y pensó en pedirle en matrimonio.
Pero su madrina, que era a la vez tía y a la cual tenían por meiga todos los vecinos del pueblo, le dijo un día:
No te cases con Catuxa; no te conviene.
¿ Por qué me dices eso, madrina?
¿No te basta con mi consejo? Le contesto ella.
Xuan se fue para casa pensando en aquello. Su tía Maruxa sabía muchas cosas y conocía bien el mundo. Por sus condiciones de cartomántica y el mote de meiga, debía fiarse de ella. Con todo dudaba. Catuxa era una joven linda y frescachona; le gustaba  el baile y cantaba que daba gusto oírla en las foliadas. De otras cosas de su vida, no sabía nada. La muchacha le gustaba y, además, tenía algunos bienes por su madre, que ya había muerto; y, cuando muriese su padre, los acrecentaría con la herencia.
Madrina -  díjole otro dia – Catuxa es una muchacha como una rosa; trabajadora y posee además algunos bienes. ¿ Por qué  dice que no me conviene para casarme con ella?.
¿Quieres saberlo?
Quiero.
Pues ve el sábado por la noche a mi casa.
Xuan, al caer las doce, allá se fue a casa de la tía Maruxa.
Maruxa le dio un vaso de vino. Era una mezcla que parecía no saber a vino. La tía le comento que tenía unas hierbas que eran muy buenas para algunos remedios. Mientras bebía, ella se puso a calentar en la sartén un poco de enjudia y empezó a hablarle de cosas extrañas. El se fue adormeciendo, sentado en un escaño. Después, según dijo, sintió como si fuese por los aires; pasó por una espesa nube de niebla blanca como la luz de la luna; le pareció volar sobre la espesa sombra de los pinos y, por fin, oyó el rumor del mar. Estaba en una gran playa, en la playa de A Lanzada.
Lo que allí vió le hizo estremecerse. Tantas mujeres desnudas, y todas a brincar y revolcarse en la arena, riendo y corriendo unas tras las otras. Había también algunos hombres, aunque pocos, y muchas viejas. Todos parecían locos. ¡Qué cosas hacían! Luchaban, andaban a revolcones….¡el diablo!¿he dicho el diablo? Si, el diablo también estaba allí, en aquella reunión enloquecida y deshonesta, según decía Xuan. El diablo, que veía todo aquello sonriendo alegremente, con sus cuernos retorcidos, cuernos de cabrón, y con su barbita cabruna y su rabo de puerco golpeándole suavemente en las costillas para ahuyentarle  las moscas.
¿Qué era todo aquello?
Escucha, observa y calla – le dijo la madrina, que huyo de su lado para unirse a los otros.
Entonces, vio a una moza que, montada sobre la espalda de un hombre, gritaba y reía mientras la golpeaba con un vergajo. ¡Nunca lo hubiera creído!¡Era Catuxa!.
Xuan creía volverse loco, pero, ¿qué debía hacer?.
El diablo soplo en un cuerno de buey y entonces toda aquella gente se calló. Unos se sentaron sobre el suelo, otros se acostaron y el resto se recostaron en los peñascos.
¿Qué habéis hecho en el transcurso de esta semana? Pregunto el diablo.
Una vieja dijo: Yo hice que no se pudiera bautizar a un niño.
Otra añadió: Yo hice malparir a una mujer.
Y Catuxa dijo: Yo enferme de anemia a una mocita; le di mal de ojo a un mozo; volqué un carro de leña, que cogió debajo a un viejo y ….
Xuan cerró los ojos y se tapo los oídos con las manos. ¡No quería saber más! ¡le bastaba con aquello! ¡Qué razón tenía la madrina! Ella la conocía bien. Bajo una apariencia de ángel ocultaba un espíritu del infierno aquella mala alma.
Xuan despertó en la cocina de la madrina. Se levanto y, sin decir palabra, marcho a su casa. La madrina no le dijo nada tampoco.
Después, al atardecer, Xuan se encontró con Catuxa, que iba  muy arregladita y resplandeciente como un sol.
Catuxa le pregunto: ¿No vas a la foliada ( Fiesta del pueblo)?
No – la replicó el – Ayer estuve en la playa de la Lanzada y estoy cansado.
Ella comprendió. Le hecho una mirada de fuego y se fue.
Aquella noche Xuan despertó aterrorizado. Sintió en la garganta como si le clavaran un cuchillo. Echo la mano y agarró una cosa extraña. ¿Qué era aquello?. La luna llena alumbraba la ventana y pudo ver lo que sus manos habían apresado. ¡Era una serpiente!
De un golpe saltó de la cama, y con coraje y asco golpeo la cabeza del reptil contra el suelo, después la tiró en un rincón.
Se lavó el cuello y la garganta con aguardiente, se ató un paño alrededor del pescuezo y se acostó otra vez. Pero no pudo recobrar el sueño y aguardó al día cavilando.
¿No sabes? Le dijo por la mañana su madre mientras ponía las gachas para el desayuno. Tu novia, Catuxa, apareció hoy muerta al lado de la cama; parece que debió caerse y batió con la cabeza en el suelo. La encontraron en un charco de sangre.
Xuan se acordó de la serpiente. Subió al piso y buscó por todos los rincones. ¡ La serpiente que mató había desaparecido!
Y desde entonces es muy famosa la playa de A Lanzada, para ciertos rituales.

Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega