domingo, 7 de agosto de 2016

LA LEYENDA DE LA MEIGA Y LA MUERTE










LA LEYENDA DE LA MEIGA Y LA MUERTE

Hace muchos años, una enfermedad asoló todas las orillas de mis dos mares y nadie podía detenerla. Morían las personas a cientos y ninguna meiga podía  frenar su avance.
La meiga más sabia y guapa de la comarca vivía en un viejo molino, en un lugar perdido en medio de una de las fragas mas frondosas de la montaña más inaccesible y hasta allí acudió una joven madre guiada por su desesperación, con su bebe de pocos meses infectado por la enfermedad.
Cuando llegó a la vieja construcción de piedra la puerta estaba abierta. Dentro la meiga parecía estar aguardándola y recogió en sus brazos al niño que ella le entregó sin mediar palabra y de una esquina un saco lleno de arenilla de piedra lumbre.
Bajaron juntas el camino hacia la playa. La meiga le indicó a la madre que recogiera las cosas que ella iría reclamando a lo largo del trayecto.
A un guerrero le pidió que cortara con su espada una rama pequeña de roble y se la entregara. A otro, una antorcha prendida.
Seguida siempre por la mujer y con el bebe en brazos la meiga alcanzo el arenal.
Construyo un círculo con piedras y cubrirlas con la piedra lumbre.
En medio del círculo la meiga, sostenía con una mano al niño que agonizaba apretado contra su pecho y en la otra la rama de roble. Con la mirada atenta vigilaba el camino del Norte. Sabía que por ese camino tenía que llegar la muerte para llevarse al niño.
La meiga arrimó la antorcha al punto del Sur. La piedra prendió y un círculo de fuego la rodeo a ella y al pequeño que apenas respiraba.
Sin dejar de mirar hacia el  Norte, levanto la rama de roble y apunto con ella hacia el lugar por donde esperaba ver aparecer a la muerte
La muerte acudió en busca de su presa a los pocos minutos.
Reclamó a la meiga que se lo entregara. La meiga la miro, sonrío y se negó, Sabia que si pasaba la hora, si el plazo de entrega vencía.
Dicen que la muerte no puede atravesar el fuego de un círculo y que la rama de roble usada como arma defensiva paraliza su fuerza.
Enzarzadas ambas en un desafío de palabras, amenazas y retos,
De pronto, la muerte interrumpió su tono agresivo, bajo la voz y casi susurrando pregunto:
¿Por qué eres tan hermosa?
La meiga no tardó en responder
“Porque en cada amanecer del solsticio de verano voy a la fuente para mojar mi rostro con la flor del agua- y casi sin pausa añadió- Puedo enseñarte cómo hacerlo”
“Podríamos hacer un trato. No me está permitido, pero si tú te detienes. Si  hasta el día del solsticio descansas y no te llevas a nadie en ese tiempo, te enseñare como debes recoger la flor de agua para ser hermosa”
Desde siempre la muerte ha querido se amada, deseada, respetada y aceptada como la druida. Y hermosa como ella.
Y acepto.
Y determinaron el lugar donde se encontrarían un poco antes de amanecer del día del solsticio de verano.
La enfermedad desapareció. Durante el tiempo convenido nadie más enfermó ni murió.
Y el día del solsticio la meiga acudió a su cita como había prometido.
Descubrió que la muerte se había adelantado y paseaba de un lado a otro frente a la fuente.
Al llegar a su altura la inquietud se volvió impaciencia. Antes de que pudiera preguntar nada la meiga se arrimo a la pileta de la fuente.
“La Flor del agua es –explico mientras levantaba la vista vigilando el cielo- el primer rayo de sol que se refleja en el agua. Has de ser muy rápida. Cuando nace, tienes que recogerla entre las manos y la levantarla sin dudar hacia tu cara.
Las dos se colocaron una junto a la otra apenas separadas por unos centímetros.
El sol apunto en el horizonte y sus primeros rayos alcanzaron la superficie del estanque y se reflejaron en el cómo en un espejo maravilloso.
La meiga sostuvo entre las palmas de sus manos la flor del agua y la levanto rociándose la cara con ella. Su rostro se iluminó intensamente y la piel adquiría la textura y la suavidad de una concha de nácar.
La muerte a su lado intentaba una y otra vez hacer lo mismo, pero fue imposible. Por más que lo intentó, no pudo recoger la luz entre sus oscuras manos.
La muerte no pudo apresar la flor del agua, porque la flor del agua es luz y la muerte es sombras y oscuridad.
No tenía nada que reclamar. La meiga  había cumplido su parte del trato.

Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

domingo, 31 de julio de 2016

Orcabella










                    Orcabella
 
Relacionado con el culto a la fecundidad, según José Luis Pensado, la leyenda de Orcabella, mujer vieja y fea que llegó a Galicia en tiempos de los moros, gran encantadora que perseguía a todo ser viviente, quien, después de cavar una tumba se encerró dentro con un pastor. Según Benjamín Trillo, la tumba de Orcabella es un dolmen, que tiene la cubierta desplazada.
La palabra Orcabella significa dolmen viejo o arca vieja, sobre la que se realizarían prácticas de fecundidad.
Un peregrino llamado Julián Iñiguez de Medrano,que lo publicó en su obra Silva Curiosa, editada en París en 1583.
Este personaje realizó un viaje hasta Finisterre, porque en aquellos tiempos el camino tradicional de peregrinaje hasta Santiago de Compostela no terminaba en esta ciudad, sino en el Cabo de Finisterre, en la costa occidental de Galicia. Los peregrinos medievales iban hasta allí siguiendo el camino de la Vía Láctea, tras la ruta del sol en su viaje hacia Occidente.
Más allá del Cabo Finisterre estaba el Infinito, el Paraíso de los cristianos o la Isla de la Eterna Felicidad en la que creían los pueblos del área atlántica europea .
Cuando dicho peregrino iba caminando hacia la cima del Cabo de Finisterre, con el propósito de conocer un antiguo enterramiento sobre el que había oído contar extrañas leyendas, le salió al paso un pastor para aconsejarle que no continuara subiendo hasta las rocas de la cima:-"Guardaos, guardaos! -Santo Dios, hermano, y a donde ibades a perderos? Non sabedes que dentro de aquellas peñas y cachopos (troncos secos) está fechado o corpo maldito de la encantadora Orcabella, y que nunca jamás home ni muller lo vido que non seja morto antes del año? "El peregrino le pidió al pastor que le contara todo lo que sabía sobre Orcabella". "Fue" -respondió el pastor- "una mujer bárbara, vieja y fea que llegó a Galicia en tiempo de las guerras con los moros y paganos. Gran encantadora y experta en artes mágicas perseguía cruelmente a todo viviente, con tal de mirarle a los ojos lo exterminaba o con tocarle con su mano. Se hacía invisible cuando quería, robaba y comía cuantos niños se le antojaban. Vivió 176 años. Dejó la mitad del reino despoblado.
Cuando se cansó de vivir se retiró a aquellas peñas, en una de ellas excavó una tumba, y con la ayuda de un pastor que ella tenía preso y encantado, ella levantó una gran lápida para cubrir el sepulcro, y la puso encima de él, emparejada de lado a lado; después ella se despojó, y abrazando al triste pastor en remuneración de los servicios que le había hecho, lo echó y encerró dentro del sepulcro, sin que las fuerzas del pobre fuesen bastantes para defenderse de esta enemiga de natura, la cual, dejando sus vestidos fuera, se metió dentro de esta cama mortal, y sirviéndose de colchón del desventurado pastor, se acostó encima de él, y con un ingenio o gancho de palo que ella tenía, hizo caer sobre la tumba la lápida grande y pesada, y dentro de tres días (como el pastor sepultado dijo) dio el ánima a quien mandada la tenía. El desventurado pastor daba tan grandes voces y gritos, que los pastores que en desierto estaban, corrieron a donde oyeron las voces, y entrando por el agujero de las peñas, queriéndolo sacar del peligro en que estaba, quedaron muy atajados y espantados porque vieron que el sepulcro estaba todo rodeado y cubierto de culebras y serpientes; y así, volviendo atrás, hablaron un grandísimo rato con el encantado pastor; y después de haber entendido de él la triste historia, le dejaron así encerrado en el sepulcro, donde acabó sus días malogrados el pobre desdichado".
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

domingo, 24 de julio de 2016

EL CRIMEN DE LA BALCONADA










EL CRIMEN DE LA BALCONADA  

Aquella semana que pasó el rey Pedro I en Compostela mientras se ultimaban los preparativos para trasladarse a Bayonne, en busca del apoyo inglés para su causa no se limitó a otorgar títulos, también indujo a la comisión de un horrible crimen que, años más tarde, sería transformado en leyenda, como suele suceder.
Regía en este tiempo, la sede catedralicia de Santiago, el arzobispo Suero Gómez, que con sus 30 años de edad fue uno de los prelados más jóvenes que la hayan gobernado. Cuando el rey llegó a las puertas de la ciudad, D. Suero Gómez salió a recibirlo con doscientos hombres a caballo, retirándose, al acabar, a su residencia en el castillo da Rocha Forte, mientras que el rey se alojaba en San Martiño Pinario. Allí celebró consejo con Fernando de Castro, Suero Yáñez de Parada, Mateo Fernández y Juan Dente, para tratar la manera de frenar a los afines a la causa de Enrique en Galicia, entre los que se encontraba Suero Gómez. Algunos hablaban de encarcelarlo, pero la mayoría prefería la opción de eliminarlo, decisión que finalmente fue adoptada, encargando tal tarea a Fernan Pérez Churruchao y Alonso Gómez Gallinato. Y para perpetrar tal acto citaron al arzobispo el día 25 del mes, que acudió acompañado del deán de la catedral Pedro Álvarez.
La elección de estos dos personajes no está muy clara, junto con su amistad por el monarca había un sentimiento de venganza en la familia Deza-Churruchao, a la que ambos pertenecían, contra las cabezas eclesiásticas que gobernaban la ciudad, que se remontaba a 1317, año en el que otro asesinato había conmocionado la ciudad prisciliana cuando la enemistad entre el pueblo y Alonso Suárez de Deza y el nuevo arzobispo Berenguel de Landoira se saldó con el asesinato del primero entre las murallas del castillo de la Rocha Forte.
En aquellos tiempos no existía la plaza del Obradoiro, sino que delante de la catedral se erguían un montón de chabolas con huertos que solían dar posada a los peregrinos que de toda Europa llegaban; en una de ellas se escondieron los dos sicarios y, en cuanto cruzó el prelado, lo acuchillaron sin piedad hasta la muerte, mientras el rey Pedro observaba, impasible, los hechos, desde las torres de la catedral. El deán, perseguido por Gómez Gallinato, logró esconderse en la catedral, pero fue acuchillado delante del altar mayor. Aunque los dos asesinos fueron excomulgados, aprovecharon para huir hacia Ponte Ucha entre el clamor popular mientras se daba sepultura al arzobispo en el Claustro Novo.
Sea como fuere, esta negra historia conocida en la ciudad compostelana, acabó derivando en leyendas sobre el crimen de la Balconada, que tras haber sucedido fue limpiada con sal y cerrada, aunque tal calle jamás existió. Se contó que en una ocasión un noble había solicitado audiencia ante el rey reclamando justicia contra un obispo enamorado de su hermana que mantenía cautivo al padre de los dos hermanos; la respuesta del rey fue clara: “mátalo allí donde lo encuentres”. El día de Santiago lo encontró en la calle de la Balconada y allí lo mató. Toda Compostela quedó conmocionada con el crimen, cerrando casas e iglesias, teniendo que desplazarse los feligreses al vecino pueblo de Conxo para escuchar misa, derivando de esta leyenda el dicho “Vaiche na misa de Conxo” para referirse a una pérdida de tiempo, tal y como lo tenían que perder aquellos que entre ir y volver andando hasta allí les pasaba el día.
Dando lugar a las tonadillas:
“Adeus rúa Nova fermosa, na rúa da Balconada mataron a un arcebispo e foi por una madama”.
“Preto da rúa do Villar, na rúa da Balconada, mataron al arcebispo, por celos de una madama
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega