sábado, 8 de agosto de 2015

LA LAGUNA DE DONIÑOS











LA LAGUNA DE DONIÑOS

Entre las colinas de Brión y Belón, en el ayuntamiento de Serantes, dícese que en tiempos muy antiguos había una pequeña ciudad llamada Doniños y que sus habitantes eran todos gentiles, esto es, paganos o idólatras, a excepción de dos, hombre y mujer, que tenían su humilde casucha un poco apartada de las demás, en una de las alturas próximas.
Y cuando el Apóstol Peregrino andaba por el mundo, cierto día llegó por allí y pidió alojamiento en donde le pareció que había más abundancia; también si querrían hacerle el favor de darle una taza de caldo.
Pero el dueño de la casa, llamándole vagabundo y pícaro despreciable, le respondió que procurase trabajar si quería comer; y que allí no tenía nada que hacer y que era mejor que siguiese su camino.
Intentó el Apóstol Peregrino llamar a otras puertas y, poco más o menos, siempre le daban la misma respuesta, si no le trataban aún peor.
Resignado, prosiguió su camino hasta que llegó a la cabaña de los dos cristianos.
-Pase, señor, pase – le dijeron allí cariñosamente, y le daremos de nuestra pobreza como hermanos que somos.
Comió el Apóstol en compañía de aquella buena gente y después se acostó sobre unas pajas, cerca el rescoldo del hogar, y se durmió. También los dos esposos se fueron a su humilde lecho; pero cuando al día siguiente se levantaron, vieron que el peregrino de la noche había desaparecido.
¡Dios le guie! –dijo el marido– Tal vez haya marchado muy temprano y no quiso molestarnos más.
Poco después de esto, Román, el labrador, unció los bueyes al carro y se fue camino de la ciudad para vender una carga de leña.
Pero cuando ya iba a entrar por la primera calle adelante, camino del mercado, oyó gritos que pedían socorro, y reconociendo la voz de su mujer, miró hacia atrás y vio que dos soldados corrían tras ella, que huía despavorida.
Román dejó el carro y corrió para defender a su mujer, que, sin verla, torció el camino y subió hacia el monte, siempre perseguida por aquellos soldados. El hombre apresuró aún más su carrera y, cuando ya iba alcanzándolos, ellos, dándose cuenta de su llegada, huyeron por otra vereda a su vez.
Román siguió entonces para reunirse con su mujer, sin lograr alcanzarla hasta llegar a su casa, quedando admirado al ver a su esposa asomada a la ventana, alegre y sonriente.
¿ Que es lo que ha sucedido? –le preguntó.
Pero aún no bien había dicho estas palabras, cuando oyeron un gran estruendo y el borbollar de las aguas como si el mar se volcara sobre la tierra. Los gritos de pavor estremecían. Atemorizados, marido y mujer, desde la puerta de su casucha, vieron que la ciudad de Doninos se sumergía inundada por un coloso torrente que, sin saber cómo, allí mismo había sido sumergida entre los peñascos que la cercaban.
Y es allí donde hoy existe la laguna de Doninos, por un castigo del Cielo para aquellos gentiles despiadados con nuestro Apóstol Peregrino.
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 1 de agosto de 2015

O Lupushome ( El hombre lobo )











O Lupushome  ( El hombre lobo )

Comienza en el lugar de Regueiro, un pequeño pueblo del ayuntamiento de Allariz, con el nacimiento de Manuel Blanco Romasanta, el 18 de noviembre de 1809, que pronto será conocido como el Hombre Lobo de Allariz. Se casa con 21 años, pero enviuda al poco tiempo, y decide dedicarse a la venta ambulante. Su primera víctima desaparecía en 1843, un guardia civil de León que iba a embargar al gallego por una deuda de 600 reales. Fue condenado por este asesinato pero se escapa de la cárcel y vuelve a su tierra natal; deja la venta ambulante e intenta pasar desapercibido ganándose la confianza de sus paisanos.
Al pasar unos años vuelve al comercio ambulante y es aquí dónde empieza su larga lista de asesinatos. Las dos primeras, vecinas de un pueblo cercano, que confían en Romasanta para que las guíe a Santander en busca de mejor fortuna, ya que estaban pasando por un mal momento. Al volver del viaje, Romasanta cuenta que la mujeres habían encontrado un buen trabajo y se encontraban bien; además conocía un cura que necesitaba una criada y fue así como la hermana menor de una de las primeras víctimas siguió sus pasos. Esta fue la excusa perfecta para que la gente del pueblo lo siguiera en busca de trabajo y mejor posición.
Romasanta los asesinaba y vendía sus ropas y pertenencias. Con el paso del tiempo los familiares de las víctimas pedían explicaciones a Romasanta preocupados al no recibir noticias; él contestaba que estaban bien y agradecidas de que las hubiera ayudado y que pronto escribirían. Llegó incluso a falsificar cartas para mantener la calma entre las familias. Pero todo acabó cuando los hermanos de una víctima reconocieron las prendas de su hermana que vestía una mujer; ésta les contó que Romasanta se las había vendido. Con el tiempo vieron que había otra gente con objetos de su hermana, y denunciaron a Romasanta. Pero este al enterarse huyó a Toledo. Tiempo después, fue encontrado por casualidad por dos gallegos que avisaron al alcalde, de que era un fugitivo buscado por la guardia civil gallega. Fue detenido de inmediato y trasladado a la cárcel de Allariz. El juicio acaparó la atención de toda la prensa de la época y su sumario se conserva en el archivo del Reino de Galicia.

Romasanta confesó ser autor de los asesinatos que se le imputaban. Relató que conducía a sus víctimas a lugares discretos en los bosques gallegos y allí desgarraba y destrozaba los cuerpos que después devoraba. Su explicación fue que en su adolescencia había sido víctima de una maldición familiar que lo convertía en hombre lobo sin que pudiera evitarlo. Desde ese momento perdía la conciencia humana, y lo dominaba el instinto animal que lo hacía matar y devorar la carne de sus víctimas. Los intentos de su abogado de conseguir su absolución, por falta de pruebas y lo absurdo de su declaración, se desvanecieron cuando se hizo una reconstrucción de los hechos a través de la que Romasanta contó en el lugar como había matado y devorado a alguna de sus víctimas.
El juicio del hombre lobo duró un año; al final fue condenado al garrote vil, a pagar los gastos del juicio y a una indemnización a las familias de las víctimas. Pero la suerte del hombre lobo cambió cuando la Reina Isabel II recibió una carta de un hipnotizador francés, que había seguido todo el proceso, pidiendo su absolución ya que su teoría era que Romasanta tenía una monomanía conocida por los antiguos médicos como licantropía: un síndrome psiquiátrico que provoca una alucinación en la persona afectada y que le hace creer que es o que puede transformarse en un animal. Este hecho hizo que la condena de Romasanta fuera reducida a cadena perpetua.
Manuel Blanco Romasanta murió poco después en la cárcel de Allariz.
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 25 de julio de 2015

VASCO EL TROVADOR











VASCO  EL  TROVADOR
Todavía existe en Moeche (partido judicial de Ferrol) los restos del famoso castillo de este nombre, que habitaba en el siglo XV el temible y aborrecido Nuno Freire de Andrade, apodado o Mao ( el Malo), al cual obligaron a huir los sublevados <<irmandiños>>, cuando se levantaron en armas contra los abusos de los señores feudales.
Pero algo anterior a esto fue lo acontecido a Vasco, el trovador amado por la hija Beatriz de don Nuno, a la cual este había castigado, encerrándola en su cámara para que no pudiera tener con el mancebo la más pequeña comunicación.
Pero el amor no se resigna a perder sus ilusiones y esperanzas, y el enamorado Vasco, aun exponiéndose a las iras del temible don Nuno, se consolaba cantando en la soledad, aunque procurando siempre aproximarse al castillo, con la ilusión de que su amada pudiese oírle o, por lo menos, intuir su presencia.
Y una tarde, habiéndose enterado de que la hermosa Beatriz se hallaba encerrada, prisionera de su padre, melancólicamente entono un nuevo cantar, acompañado por la música de su laud.

Ave que pasas cantando
al declinar de la tarde;
céfiro que jugueteas
entre el espeso ramaje;
limpio arroyo que cruzas
rumoroso por el valle,
acariciando las flores
con tus sonoros cristales,
id a mi bien y decidle
que aquí, solo con su imagen,
dando queda al libre viento
sentidos ayes su amante;
decidle, si, que sus penas
son la causa de mis males;
que en mis juramentos fíe;
que enjugue el llanto…. Que ame……

Don Nuno, que volvía hacia el castillo después de una tarde de caza, se quedó sorprendido y enojado al oír aquella canción y, dirigiéndose a él, le gritó:
¡Calla, bellaco! ¿por qué te atreves tú, de sangre plebeya, a alzar tus ojos hacia mi hija?
A lo que el joven respondió con dignidad y hasta con un punto de altivez. Perdón señor; la nobleza está en el alma, no en las venas de la sangre. Y la sangre se hereda, del alma de Dios sólo es padre.
A lo que el de Andrade exclamó colérico: ¡Miserable! Si no te arranco la lengua, es solo por no mancharme; pero aquí traigo un venablo y esto será lo que te haga callar.
Y se lo arrojó al infeliz trovador que, herido en el pecho, soltando el laúd, intentó con sus manos crispadas arrancar el arma que le había derribado sobre el césped, ahora teñido de sangre.
Don Nuno, sin dar mayor importancia al hecho, siguió camino del castillo con sus lebreles, comentando el lance con los monteros que le acompañaban.
Pero al llegar no fue derecho al postigo donde le esperaban sus pajes, sino que se dirigió a la puerta de la torre. Allí estaba encerrada Beatriz, su hija; allí suspiraba y lloraba la infeliz. Pero al ver a su padre ssale a su encuentro y, haciendo una reverencia, le dice:
¡Dios guarde a mi señor el conde, mi padre! Bienveenido sea el caballero que seguramente muy buena caza me trae.
Y don Nuno le responde con una risa sarcástica:
No lo sabes bien, hija mía; aquí te traigo…. Un lobezno que ambicionaba mi sangre.
Se vuelve entonces a sus servidores, haciéndoles seña de que se acerquen y muestra a Beatriz el cuerpo yerto y ensangrentado de su amante, el joven trovador.
¡Vasco! ¡Dios mío! Gritó Beatriz, arrojándose al suelo para besar el cadáver, cuyo rostro riega con sus lágrimas.
Aquella acción produce tal enojo al de Andrade, que, en un momento de obcecación y de locura, clava su espada en la espalda de su hija, atravesándole el corazón.
Y así mezcló su sangre con la sangre del amante de su hija Beatriz.

 Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega