sábado, 7 de noviembre de 2015

MACÍAS EL ENAMORADO ( Macías o Namorado )

















MACÍAS EL  ENAMORADO  ( Macías o Namorado )

Los cancioneros galaicos de los siglos XII al XVII, que son una muestra indiscutible de la cultura de Galicia en aquella época, como reconoce el marqués de Santillana en su carta al condestable de Portugal, nos han legado numerosos poetas. Entre ellos figura el de <<Macías o Namorado>>, llamado así por su trágica muerte, causada por el apasionado amor que profesaba a una dama a la cual dirigía sus poemas.
Y esta es, precisamente, la leyenda que hoy os ofrezco. Macías era un joven doncel gallego que pertenecía a la casa del maestre de la Orden de Santiago don Fernan Perez de Andrade, el cual lo tenía en gran estima, porque, además de un buen muchacho, era poeta; y don Fernan sentía pasión por las bellas letras.
El joven Macías, de corazón ardiente y de romántico carácter se enamoró de una señora, Elvira, que servía a su señor, y a la cual dedicaba tiernas cantigas, siendo estos amores llevados en gran secreto por deseo de la dama. Pero aconteció que, en una ausencia del enamorado Macías, el maestre de la Orden de Santiago determinó casar a doña Elvira con un hidalgo a quien le gustaba grandemente la joven. Y el casamiento se llevó a cabo, no sabemos si con disgusto de doña Elvira o con su complacencia.
Cuando a su regreso se enteró Macías del acontecimiento, sintió el dolor de aquel desengaño como si le clavaran una daga en el pecho y dedicó a su amada las rimas de su desesperación. Pero pensó que el grande y profundo amor que su señora le tenía no era posible que hubiera mudado, sino que forzada por la voluntad del maestre habría aceptado el matrimonio, pero seguiría amándole con la misma firmeza y confianza. Las secretas cartas de Elvira le demostraban que su nombre aún vivía en los recuerdos de su amante y esperaba una oportunidad para mejorar su suerte.
Pero amores tan continuados tenían que ser descubiertos; el marido de doña Elvira, llegó, pues, a enterarse. Su primer pensamiento fue el de matar al audaz Macías; pero no se atrevió a tanto, por ser este uno de los escuderos más apreciados por su señor. Entonces dio cuenta de aquellos amores a don Fernan Perez de Andrade, el cual, llamando el doncel a su presencia, le amonestó muy seriamente, diciéndole que no sólo dejase de importunar a doña Elvira, sino que ni siquiera pensara en continuar aquellos amores; debía, pues, olvidarse de ella.
Estaba, no obstante, Macías tan enamorado, que, viéndose contrariado por aquella prohibición de su señor y por las amenazas del esposo ultrajado, creció su amor y su deseo e insistió en requerir a su señora con tiernas canciones, tanto que el maestre, no viendo otro remedio, mandó que lo llevasen preso al castillo de Narahio ( San Sadurniño), lugar de la Orden de Santiago a unas cinco leguas de Betanzos, donde el habitaba, por no hallar otra solución para cortar las quejas que le daba el esposo ofendido.
Preso Macías en Narahio con gruesos grillos de hierro en los pies, entonaba tristes cantigas, lamentando sus dolores y quejándose de su mala suerte. Enviaba estas quejas a su señora y mezclaba con sus saudades algunas esperanzas.

En las ramas de un árbol
cantaba un mirlo enamorado.
Entre los matojos agachada
cacareaba una mirla enamorada.
Dijo el mirlo – Mucho cacareas.
Y ella contesto: Para que me oigas,
aunque no me veas.

Llegaron a las manos del marido de doña Elvira estas cantigas, así como también las acostumbradas cartas de Macías. Y, no pudiendo sufrir el desasosiego que le produjeron, abrumado por los celos, decidió acabar de una vez con tal historia. Montó a caballo, y armado con una Lanza, se fue hasta Narahio y vio, por una ventana de la prisión en donde estaba Macías, cómo este se dolía de su amor y de su mala suerte.
Entonces, loco de coraje y de celos, arrojo con fuerza la lanza por entre las rejas y atravesó con ella el pecho del leal amador, que exhalando su último suspiro cayó para no levantarse más.
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 31 de octubre de 2015

LA LEYENDA DE SAN ANDRES DE TEIXIDO

















LA LEYENDA DE SAN ANDRES DE TEIXIDO (2)

En el ayuntamiento de Cedeira, partido judicial de Ortigueira, y en la escarpada sierra de la Capelada, por la parte que desciende hasta el Atlántico, en una ribera inabordable por el constante batir del agitado mar, hay un santuario famoso en Galicia, al que acuden las gentes de toda la región y aun muchas de León y Asturias.
Este santuario es el de San Andrés de Teixido, al cual, según la conocida frase legendaria, <<vai de morto o que non vai de vivo>> (<< va de muerto el que no va de vivo>>).
Hoy es relativamente fácil el acercarse allí, porque los automóviles van ligeros y pueden ir hasta Chimper, pequeña aldea al pie de la montaña, que es preciso subir andando y después recorrer un buen espacio por la cumbre para descender al fin por el declive de la parte opuesta; pero antiguamente, las gentes de lugares lejanos tenían que hacer grandes caminatas, e iban en grupos con un guía que les enseñase el camino y los sitios apropiados para pasar la noche, si esto se hiciese necesario por ser de aldeas o villas muy lejanas.
Y como aquellos que no pudieran haber hecho la romería de vivos tienen que hacerla después de muertos, hay la creencia de que las alimañas, reptiles, etc., sirven de vehículo para las almas que hacen en el cuerpo de un lagarto, una serpiente o una garduña la obligada visita a San Andrés de Teixido.
Y por esto nadie hacia el menor daño a ningún animalucho que encuentre en su camino cuando va hacia la romería.
La leyenda del porqué de esto es la siguiente:
El santo apóstol San Andrés, que se encontraba en aquel apartado rincón, aislado y solitario, andaba casi siempre triste, sabiendo que grandes peregrinaciones de todas las partes del mundo cristiano acudían a Santiago de Compostela para hacer oración ante la tumba del Apóstol Santiago, a pesar de las penalidades que tenían que sufrir. En cambio, su santuario se veía vacío, por más que él hacía también milagros y sanaba enfermos, que serían incurables sin su ayuda protectora.
Y dice la leyenda que el buen San Andrés recorría los caminos melancólicamente; diríamos que malhumorado si no fuese santo; en fin, si no malhumorado, muy contento no debía andar tampoco.
Un día, durante una de las largas caminatas en que iba cavilando en su poca suerte, se halló repentinamente ante Nuestro Señor Jesús Cristo, que había venido a nuestra tierra para ver cómo andaban las cosas.
Al verlo, el Señor le preguntó: -¿Te veo triste, Andrés; ¿qué es 1o que te pasa?
Y San Andrés, aprovechando la ocasión, le respondió: -Divino Maestro: ando triste porque veo que de todo el mundo vienen gentes a visitar a tu discípulo Sant.Yago, que está en buena tierra y tiene buenos caminos para llegar hasta él; y sufren y padecen durante los largos días de las lejanas jornadas que dura su romería...--y con toda humildad, añadió--: En cambio, nadie llega hasta mí; mi santuario está siempre vacío, como si yo no fuese también vuestro discípulo, no menos fiel y celoso del bien de todos los hombres.
Nuestro Señor, compadecido y mirándole con cariño, le dijo entonces: -Dices bien, Andrés, y tú no has de ser menos que Jacobo. De hoy en adelante te prometo que nadie entrará en el cielo sin que haya visitado tu santuario, por lo menos una vez en la vida; y aquel que no lo hiciere de vivo tendrá que hacerlo después de muerto.

Y así fue, y por eso se dice:

A San Andrés de Teixido,
vai de morto o que non vai de vivo.
(A San Andrés der Teixido,
Va de muerto el que no va de vivo).
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

viernes, 23 de octubre de 2015

LA VIRGEN DE SANTA BAIA DE BANGA

















LA  VIRGEN  DE  SANTA  BAIA  DE  BANGA

Vivía en Carballino (nombre heredado del lugar. Los investigadores que se han ocupado de conocer la génesis del topónimo coinciden en esto, aunque discrepan en su origen. Parece prevalecer, sin embargo, la teoría del apelativo cariñoso, que en Galicia suele ser un diminutivo, como referente último. Según esto, O Carballiño, indicaría afecto hacia ese lugar poblado de carballos), allá por los años 1125, un muy famoso artista, llamado maestre de Sobrado, al cual se le había encomendado que labrara las imágenes de piedra que decorarían el pórtico románico de la iglesia de Santa Baia de Banga, que se estaba construyendo por aquel entonces.
Aquel hombre tenía una hija, hermosa muchacha de dieciocho años, a la que quería con locura; en ella juntaba el amor de padre con aquel otro amor que sentía por su mujer, fallecida hacía pocos años.
Mariña, la hija del maestre de Sobrado, era una muchacha muy casta y muy linda. Y un hidalgo, que las malas lenguas dicen de la familia del señorio de Veloso, que se cruzó con ella una mañana en una de las calles de la ciudad, se la quedó mirando con gran embeleso ante su belleza. Pronto se despertó el afán del joven caballero por conseguir el amor de aquella criatura; pero ella, modesta, juiciosa y cauta, no admitió los galanteos del hidalgo y se negó a sostener relaciones amorosas con é1, comprendiendo que, dada su desigual posición, era imposible que aquel hombre llegara a casarse con una joven tan humilde como ella.
Pero aquella negativa encendió más el deseo del mozo hidalgo, que, después de repetidos intentos sin conseguir lo que pretendía y no pudiendo vencer la resistencia de la muchacha, se valió de sus criados para sorprenderla una noche y llevársela a un pazo de las cercanías de la ciudad, donde logró poseerla; y allí la tuvo prisionera unos días, hasta que se aburrió, cansado de las constantes quejas y sollozos de la cuitada, que se mostraba siempre hosca y desabrida para con é1, y la expulsó de la casa.
Cuando Mariña se vio libre, intentó encaminarse a casa de su padre; pero, avergonzada y temiendo el furioso enojo que el viejo santero pudiera sentir contra ella por haberle abandonado, en la creencia de que esto pudiera ser por propia voluntad, no se atrevió a volver. Y vagó por los arrabales de la ciudad, por las calles apartadas, sirviendo como amante ocasional de traficantes, arqueros y marineros, que la maltrataban y se burlaban de la infeliz.
La hija volvió, al fin, un atardecer a la casa de su padre, el viejo maestre de Sobrado. Iba extenuada, flaca y melancólica, sin color en los labios y sin brillo en los ojos. Llamó a la puerta suavemente, con miedo, y cuando el padre fue a abrir cayó de rodillas ante él, suplicante y llorosa, diciendo:
-Perdonadme, padre mío; perdonadme, aunque después caiga muerta a sus pies.
-Levántate, hija -respondióle el padre, mientras el llanto acudía a sus ojos, resbalando las lágrimas por sus arrugadas mejillas-. Y gracias a Dios que te has acordado de tu padre y confiaste en é1.
Y cuando la muchacha se irguió, la acogió en sus brazos y la besó con amor.
-¡Dios le bendiga, padre! Ahora, ya puedo morir en paz.
-¡Morir, no, hija! Mi mayor felicidad es tenerte a mi lado; no creía volver a verte más en mi vida.
-He sido ultrajada, escarnecida, despreciada. Sufrí golpes y hambres... ¡Sólo usted, mi padre, se apiadó de mi, cuando era el que podía maldecirme!
-Un padre debe saber perdonar y acoger con amor a sus hijos en desgracia; porque no hay amor como el que se tiene a los hijos. Y aún haré más –añadió- : todos los qué te han hecho daño, todos los que te han maltratado y escarnecido, vendrán ante ti para reverenciarte y postrarse a tus pies... Y tú vivirás más que ellos, porque serás eterna.

Y así fue. Porque la Virgen en piedra que figuró en el pórtico de la Iglesia de Santa Baia de Banga,  era la imagen, la bella imagen, llena de serenidad y dulzura, de la hija del maestre de Sobrado que la esculpió.

Esta imagen fue llamada La Virgen de Piedra, por estar situada en la portada del templo. Hoy se conserva en la primera capilla, entrando a la izquierda, de la nave central.
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega