domingo, 30 de agosto de 2015

LA MEIGA CHUCHONA (VAMPIRO)



LA MEIGA CHUCHONA (VAMPIRO)
Hay la creencia en Galicia, como en los campesinos de Alemania, que, cuando una bruja queda dormida en la cama mientras su espíritu adquiere la forma de cualquier animal para efectuar sus fechorías, su ser corporal sufre los golpes y males que puedan acontecerle al que lo sustituye. También el <<mal de ojo>> se tiene por real en otros países nórdicos.

Había en San Xián de Sergude una mujer a la cual le morían todos sus hijos. La última niña que había tenido llevaba camino de morir también encanijada.
-Pues esto tiene que ser cosa de un <<mal de ojo>> o de la Chuchona- dijo la madre de la mujer, que ya era anciana y, como tal, sabía de estas cosas que se van aprendiendo al correr de los años.
Entonces un sábado por la noche cogieron en una braña tres juncos; los cortaron a igual tamaño y los marcaron: uno era la <<envidia>>, otro el <<enganido>>(mal de ojo), y el otro, la <<meiga chuchona>>.
-¿No te lo decía yo?- dijo la madre-. ¿Ves cómo es  cosa de meiguería?.
-¿Y qué debemos hacer?¿Quién puede ser la meiga?.
-Ya lo sabremos. Por el momento hay que ponerle a la niña una castaña de indias, un diente de ajo y una ramita de hierba de San Juan. Y no dejarla sola; de noche vendrá una mosca muy grande y muy negra y se posará en la cuna. Esa es la meiga Chuchona que viene a chuparle la sangre a tu niña. Enconjurarla diciendo: <<¡San Silvestre, meiga fora!>> ( San Silvestre , brujas fuera), y al mismo tiempo, pegarle a la mosca con una ramita de laurel, ya que no hay por aquí ningún avellano, que sería mejor. Darle sin duelo, que si la matáis no se pierde nada.
La mujer y su marido aguardaron sin acostarse junto a la cuna hasta que a media noche vieron la mosca. La mujer profirió las palabras del esconjuro y, al mismo tiempo, el hombre con la rama de laurel golpeó a la mosca.
Al día siguiente apareció muerta en su casa una vieja de Tabeayo. Esa era la meiga Chuchona que iba a chupar la sangre a los niños.
Y entonces la niña púsose bien, y está hecha una buena moza.
Yo no creo en las meigas , pero haberlas ………….

Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 22 de agosto de 2015

LA DEMOSTRACIÓN DE MOURE











LA  DEMOSTRACIÓN  DE  MOURE
Francisco de Moure, célebre escultor nacido en Santiago de Compostela en el año 1.595, creador de  muchas obras de gran valor artístico, en su mayoría tallas de santos y retablos de iglesias, entre los que se encuentran la del  monasterio de Samos y el magnífico del altar mayor del Colegio de Conforte, así como también la sillería del coro de la catedral de Lugo, la cual consideró el padre Risco como una de las mejores del Reino, en que tienen mucho que admirar los inteligentes. Pero lo extraordinario de Moure es la manera como se presentó, siendo un muchacho, a un notable escultor de Madrid ( Berruguete ) con el cual aspiraba a completar su educación artística que la había obtenido de Alonso Martinez en Orense.
Cuenta la anécdota Ricardo E. Vilariño de Barbeito en su libro Conforte, sus monumentos, leyendas y tradiciones ( Monforte, 1896 ).
Todos los genios—dice--, hasta imponerse como tales, sufren tormentos sin cuento, pues la envidia que siempre imperó tiende a empequeñecer sus méritos y les hace objeto, ya de persecuciones, ya de desgracias ficicas, ya de toda suerte de calamidades que parecen consustanciarse con la penosa y malhadada vida del artista.
Precoz artista, Moure demostró, siendo aún muy joven, sus altos vuelos, y sintiendo la necesidad de educarse y familiarizarse con el arte, se fue a Madrid en compañía de un pariente.
Se presentó en el taller de Berruguete ( famoso escultor), el cual lo examinó y creyó que nada se podría sacar de aquel muchachito que pretendía iniciarse en el arte de Fidias; le sometió, sin embargo, a una prueba con el fin de que prácticamente demostrase sus aptitudes, dejándolo en absoluta libertad para que eligiera el objeto que más le agradara.
Pasados ocho días, se presentó nuevamente Moure en el taller e hizo entrega a Berruguete del objeto que había realizado, << un mazo >>. Lo cogió el escultor y, no viendo en él nada que revelase ingenio, dijo al joven que no podía admitirle en su taller puesto que le faltaban aptitudes.
Se despidieron, y moure se marchó, dejando allí el mazo. Al poco tiempo, el escultor lo cogió y dio un golpe con él; su sorpresa y asombro fueron grandes al ver que aquel mazo se rompía en pedazos y cada uno de ellos representaba en finísima talla un pasaje de la crucifixión del Salvador.
Volvió de su acuerdo Berruguete y mandó llamar a Moure, que quedó admitido en el taller, y no sólo como discípulo, sino como compañero, pues la prueba de su habilidad había sido extraordinaria y contundente.
Desde aquel momento se abrió un ancho horizonte para el artista gallego, que más tarde pasó con justa y merecida celebridad a la posteridad por sus muchas y hermosa obras.
Moure falleció en Conforte el año 1.636, cuando estaba trabajando en el retablo de la iglesia del Colegio, lo que no pudo terminar.

  


Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 15 de agosto de 2015

LA PRISIÓN SUBTERRÁNEA












LA PRISIÓN SUBTERRÁNEA

Un señor de Quiroga ( Lugo ), llamado don Pedro, tenía una hermosa hija de cabellos rubios como los de un hada. Esta hidalguita, que tenía por nombre el de Sancha, gustaba de pasear por los alrrededores del castillo de su padre; muchas veces iba sola, vestida con una ropa muy sencilla, como la de una persona vulgar.
En uno de sus paseos se encontró cierta tarde de otoño con un mozo gentil que venía de caza, al parecer, de los montel de Courel, llevando ante si, sobre el potro que montaba, un corzo que había abatido con su ballesta.
Fiz, que tal era el nombre del muchacho, saludó muy cumplido a laa doncella, sin sospechar quién era; esta le miró con agrado y le felicitó por el feliz éxito de su cacería. Cruzaron después un breve diálogo. Él se dio a conocer como escudero del señor Osorio, de Castro Caldelas, y la joven, como perteneciente a la servidumbre del de Quiroga.
Gustáronse entrambos por la figura y buenas maneras que uno y otra tenían y prometieron volver a verse, despidiéndose con palabras de buena amistad.
Y, en efecto, días después los dos jóvenes volvieron a encontrarse de nuevo a las orillas del Sil. Y aquellos encuentros se repitieron; hasta que un día don Pedro hizo llamar a su hija, al tener conocimiento de cómo al parecer, los dos muchachos se amaban, cosa que veía con disgusto.
¿Quién es ese joven? – preguntó a su hija Sancha.
Señor – respondió ella -, es un hidalgo, por ahora, simple escudero del señor Osorio…
¡Un simple escudero! – exclamó con desagrado.
Señor, es muy bueno y noble y
¡De la casa de Osorio! ¡Bah! ¡ Poca nobleza debe alcanzar un joven que pertenece a tal casa! – dijo don Pedro con desprecio. Y añadó -¡Pues te prohíbo que vuelvas a verte con él, pues tu nobleza no es para compararse con tal mozo!.
Sancha sintió que se abrasaban sus mejillas y se agolpaban a sus ojos la lágrimas; pero no tuvo fuerzas para defender su amor y se retiró a su aposento, donde su dolor se derramó en llanto.
El de Osorio no había sido nunca un caballero que mereciera las simpatías de don Pedro.
Pero la joven, que iba cobrando amor al gentil doncel, no se resignaba a rechazarlo, y con la esperanza de que su padre algún día podría acceder, descubrió a su enamorado galán la entrada secreta de un pasadizo que, pasando bajo el Sil, llegaba hasta el interior de aquel secreto corredor podrían hablarse sin que nadie los viera ni pudieran sospechar tales encuentros.
Don Pedro, sin embargo, vigilaba a su hija y vigilaba también los alrededores del castillo y pronto comprendió lo qu sucedia. Grande fue su cólera ante la desobediencia de su hija; y más aún porque consideraba que aquellas entrevistas de los dos enamorados en el secreto pasadizo era para él un ultraje a su dignidad de padre y de señor. Y decidió imponerles un castigo ejemplar.
Se dedicó entonces a espiar y preparó todo para llevar a cabo su idea. Y cuando obsevó que su hija penetraba en el pasillo subterráneo, ordenó a los hombres de su confuanza, ya prevenidos, que tapiaran la entrada; y poco después, considerando que el galán iria al encuentro de su amada. Mandó cerrar tambien la salida del túnel.
Y allí quedaron para siempre entranbos amantes, sumergidos en aquella prisión bajo las aguas del Sil.
Cuenta finalmente la leyenda que ellos son los progenitores de as lavandeiras, seres mitológicos que moran en las profundidades de las aguas del caudaloso río Sil y lavan y pulen las pepitas de oro que arrastran sus aguas.


Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

sábado, 8 de agosto de 2015

LA LAGUNA DE DONIÑOS











LA LAGUNA DE DONIÑOS

Entre las colinas de Brión y Belón, en el ayuntamiento de Serantes, dícese que en tiempos muy antiguos había una pequeña ciudad llamada Doniños y que sus habitantes eran todos gentiles, esto es, paganos o idólatras, a excepción de dos, hombre y mujer, que tenían su humilde casucha un poco apartada de las demás, en una de las alturas próximas.
Y cuando el Apóstol Peregrino andaba por el mundo, cierto día llegó por allí y pidió alojamiento en donde le pareció que había más abundancia; también si querrían hacerle el favor de darle una taza de caldo.
Pero el dueño de la casa, llamándole vagabundo y pícaro despreciable, le respondió que procurase trabajar si quería comer; y que allí no tenía nada que hacer y que era mejor que siguiese su camino.
Intentó el Apóstol Peregrino llamar a otras puertas y, poco más o menos, siempre le daban la misma respuesta, si no le trataban aún peor.
Resignado, prosiguió su camino hasta que llegó a la cabaña de los dos cristianos.
-Pase, señor, pase – le dijeron allí cariñosamente, y le daremos de nuestra pobreza como hermanos que somos.
Comió el Apóstol en compañía de aquella buena gente y después se acostó sobre unas pajas, cerca el rescoldo del hogar, y se durmió. También los dos esposos se fueron a su humilde lecho; pero cuando al día siguiente se levantaron, vieron que el peregrino de la noche había desaparecido.
¡Dios le guie! –dijo el marido– Tal vez haya marchado muy temprano y no quiso molestarnos más.
Poco después de esto, Román, el labrador, unció los bueyes al carro y se fue camino de la ciudad para vender una carga de leña.
Pero cuando ya iba a entrar por la primera calle adelante, camino del mercado, oyó gritos que pedían socorro, y reconociendo la voz de su mujer, miró hacia atrás y vio que dos soldados corrían tras ella, que huía despavorida.
Román dejó el carro y corrió para defender a su mujer, que, sin verla, torció el camino y subió hacia el monte, siempre perseguida por aquellos soldados. El hombre apresuró aún más su carrera y, cuando ya iba alcanzándolos, ellos, dándose cuenta de su llegada, huyeron por otra vereda a su vez.
Román siguió entonces para reunirse con su mujer, sin lograr alcanzarla hasta llegar a su casa, quedando admirado al ver a su esposa asomada a la ventana, alegre y sonriente.
¿ Que es lo que ha sucedido? –le preguntó.
Pero aún no bien había dicho estas palabras, cuando oyeron un gran estruendo y el borbollar de las aguas como si el mar se volcara sobre la tierra. Los gritos de pavor estremecían. Atemorizados, marido y mujer, desde la puerta de su casucha, vieron que la ciudad de Doninos se sumergía inundada por un coloso torrente que, sin saber cómo, allí mismo había sido sumergida entre los peñascos que la cercaban.
Y es allí donde hoy existe la laguna de Doninos, por un castigo del Cielo para aquellos gentiles despiadados con nuestro Apóstol Peregrino.
Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega