sábado, 20 de junio de 2015

El Aquelarre en A Lanzada














El Aquelarre en A Lanzada
El viejo amigo que me conto esta historia, en Santiago de Compostela, en el año 1964, me dijo que el hecho le ocurrió a un tío de su abuelo llamado Xuan ( Unos dicen de un pueblecito llamado Balea y otros de Rouxique ), y que él lo había oído a su propio padre, y que lo tenía como cosa verdadera y muy cierta.
A Xuan, según cuentan, de mozo que le habían gustado siempre las muchachas y se divertía con ellas en las fiestas y romerías, en los bailes que se celebraban las tardes de los domingos y en todas las reuniones que se ofreciese la ocasión. Le llegó como a todo el mundo, la hora de enamorarse de una joven muy guapa llamada Catuxa y pensó en pedirle en matrimonio.
Pero su madrina, que era a la vez tía y a la cual tenían por meiga todos los vecinos del pueblo, le dijo un día:
No te cases con Catuxa; no te conviene.
¿ Por qué me dices eso, madrina?
¿No te basta con mi consejo? Le contesto ella.
Xuan se fue para casa pensando en aquello. Su tía Maruxa sabía muchas cosas y conocía bien el mundo. Por sus condiciones de cartomántica y el mote de meiga, debía fiarse de ella. Con todo dudaba. Catuxa era una joven linda y frescachona; le gustaba  el baile y cantaba que daba gusto oírla en las foliadas. De otras cosas de su vida, no sabía nada. La muchacha le gustaba y, además, tenía algunos bienes por su madre, que ya había muerto; y, cuando muriese su padre, los acrecentaría con la herencia.
Madrina -  díjole otro dia – Catuxa es una muchacha como una rosa; trabajadora y posee además algunos bienes. ¿ Por qué  dice que no me conviene para casarme con ella?.
¿Quieres saberlo?
Quiero.
Pues ve el sábado por la noche a mi casa.
Xuan, al caer las doce, allá se fue a casa de la tía Maruxa.
Maruxa le dio un vaso de vino. Era una mezcla que parecía no saber a vino. La tía le comento que tenía unas hierbas que eran muy buenas para algunos remedios. Mientras bebía, ella se puso a calentar en la sartén un poco de enjudia y empezó a hablarle de cosas extrañas. El se fue adormeciendo, sentado en un escaño. Después, según dijo, sintió como si fuese por los aires; pasó por una espesa nube de niebla blanca como la luz de la luna; le pareció volar sobre la espesa sombra de los pinos y, por fin, oyó el rumor del mar. Estaba en una gran playa, en la playa de A Lanzada.
Lo que allí vió le hizo estremecerse. Tantas mujeres desnudas, y todas a brincar y revolcarse en la arena, riendo y corriendo unas tras las otras. Había también algunos hombres, aunque pocos, y muchas viejas. Todos parecían locos. ¡Qué cosas hacían! Luchaban, andaban a revolcones….¡el diablo!¿he dicho el diablo? Si, el diablo también estaba allí, en aquella reunión enloquecida y deshonesta, según decía Xuan. El diablo, que veía todo aquello sonriendo alegremente, con sus cuernos retorcidos, cuernos de cabrón, y con su barbita cabruna y su rabo de puerco golpeándole suavemente en las costillas para ahuyentarle  las moscas.
¿Qué era todo aquello?
Escucha, observa y calla – le dijo la madrina, que huyo de su lado para unirse a los otros.
Entonces, vio a una moza que, montada sobre la espalda de un hombre, gritaba y reía mientras la golpeaba con un vergajo. ¡Nunca lo hubiera creído!¡Era Catuxa!.
Xuan creía volverse loco, pero, ¿qué debía hacer?.
El diablo soplo en un cuerno de buey y entonces toda aquella gente se calló. Unos se sentaron sobre el suelo, otros se acostaron y el resto se recostaron en los peñascos.
¿Qué habéis hecho en el transcurso de esta semana? Pregunto el diablo.
Una vieja dijo: Yo hice que no se pudiera bautizar a un niño.
Otra añadió: Yo hice malparir a una mujer.
Y Catuxa dijo: Yo enferme de anemia a una mocita; le di mal de ojo a un mozo; volqué un carro de leña, que cogió debajo a un viejo y ….
Xuan cerró los ojos y se tapo los oídos con las manos. ¡No quería saber más! ¡le bastaba con aquello! ¡Qué razón tenía la madrina! Ella la conocía bien. Bajo una apariencia de ángel ocultaba un espíritu del infierno aquella mala alma.
Xuan despertó en la cocina de la madrina. Se levanto y, sin decir palabra, marcho a su casa. La madrina no le dijo nada tampoco.
Después, al atardecer, Xuan se encontró con Catuxa, que iba  muy arregladita y resplandeciente como un sol.
Catuxa le pregunto: ¿No vas a la foliada ( Fiesta del pueblo)?
No – la replicó el – Ayer estuve en la playa de la Lanzada y estoy cansado.
Ella comprendió. Le hecho una mirada de fuego y se fue.
Aquella noche Xuan despertó aterrorizado. Sintió en la garganta como si le clavaran un cuchillo. Echo la mano y agarró una cosa extraña. ¿Qué era aquello?. La luna llena alumbraba la ventana y pudo ver lo que sus manos habían apresado. ¡Era una serpiente!
De un golpe saltó de la cama, y con coraje y asco golpeo la cabeza del reptil contra el suelo, después la tiró en un rincón.
Se lavó el cuello y la garganta con aguardiente, se ató un paño alrededor del pescuezo y se acostó otra vez. Pero no pudo recobrar el sueño y aguardó al día cavilando.
¿No sabes? Le dijo por la mañana su madre mientras ponía las gachas para el desayuno. Tu novia, Catuxa, apareció hoy muerta al lado de la cama; parece que debió caerse y batió con la cabeza en el suelo. La encontraron en un charco de sangre.
Xuan se acordó de la serpiente. Subió al piso y buscó por todos los rincones. ¡ La serpiente que mató había desaparecido!
Y desde entonces es muy famosa la playa de A Lanzada, para ciertos rituales.

Santiago Lorenzo Sueiro
Presidente de Alianzagalega

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