sábado, 21 de junio de 2014

MONASTERIO DE SAMOS ( EL ESCORIAL GALLEGO ) - Etapa 25 Camino de Santiago














Monasterio de Samos :

En la etapa 25 del camino de Santiago.

Lo que algunos denominan el Escorial Gallego, aunque de hablar con propiedad, El Escorial tenía que llamarse el Samos madrileño: el origen de nuestro monasterio se remonta al siglo VI, casi un milenio antes de la aparición del cenobio de San Lorenzo.
El Monasterio de Samos fue fundado,  segundo dice la tradición, por Martiño de Dumio , apóstol de los suevos. Samos disfrutó de gran importancia durante la Edad Media, lo que se refleja en que poseía doscientos pueblos y quinientos lugares y mezcla en su arquitectura estilos artísticos de casi todas las estapas: románico, gótico, racionalista, renacentista, barroco… fruto de las ampliaciones y mejoras que ha sufrido a lo largo de los siglos. A pesar de la aparente austeridad exterior, su inmensidad y su belleza interior nos recomiendan una visita pausada.
Fuente de las Nereidas en el Claustro Vello.
Samos tiene un claustro conocido como Claustro de las Nereidas. Construido allá por el siglo XVI saliendo del imaginario del monfortino Pedro Rodriguez. El centro está ocupado por una fuente barroca de comienzos del XVIII a la que le debe el nombre: cuatro seres mitológicos con cuerpo de lamprea y cabeza de mujer.
El otro mas grande fue construido entre 1685 y 1689 y tiene nada más y nada menos que 3.000 m² (54 m de lado), lo que lo hace el más grande de España. Se conoce como “del padre Feijoo”, por tomar este el hábito en este monasterio en 1690, y por estar presidido por una gran estatua suya, obra de Franciscon Asorey La pieza está hecha con tres tipos diferentes de granito, y es en los días de lluvia  cuando luce en todo su esplendor.
Leyenda:

En el claustro de las Nereidas.
La fuente esta compuesta de cuatro sirenas con cuerpo de lamprea ( Son una clase de agnatos  o peces sin mandíbulas. Son muy primitivos, semejantes externamente a las anguilas, aunque no emparentados con ellas, y con cuerpo gelatinoso, cilíndrico, sin escamas) y torso de mujeres, con unos pechos muy voluminosos.
Dicen que la autoridad del monasterio juzgó inapropiadas aquellas cuatro figuras en un lugar a la vista de los ojos propios y extraños. Si la conoces sabrás el porqué: los grandes pechos de las cuatro nereidas. Ordenaron, por tanto, desmontarla y retirarla. Con todo, cuando ya se disponían a transportar las piezas, estas aumentaron de peso de tal manera que los operarios no fueron capaces de moverlas. Para desgracia de las autoridades, no quedó más remedio que volver a reconstruir la fuente y allí hoy sigue.

Curiosidades:
Los canteros tenían por costumbre dejar algo como su firma :
Los que lo hicieron dejaron en uno de sus arcos, una inscripción se anticipa a la cara que se nos puede poner al ver tanta belleza: ¿Qué miras, bobo?“.  Solo por encontrarla, Samos merece una visita obligada.

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